Se compone de una mezcla de distintos estilos arquitectónicos, que abarcan desde el siglo XIII al XVIII. Sobre una edificación primitiva se construyó una fortaleza rectangular en estilo gótico a la que se fueron incorporando aspectos decorativos de estilo mudéjar. Evolucionado por las sucesivas reformas hasta convertirlo en un castillo-palacio de carácter más renacentista.
El castillo cierra la muralla que rodeaba la ciudad, que ha sido recientemente restaurada. Es de planta cuadrada con torres circulares en los ángulos. En la fachada sur se levanta una galería renacentista sostenida por ménsulas y bajo ella, se abre un balcón que pertenecía al comedor, y un ventanal de la sala de recepciones. La fachada norte alberga la puerta principal con el escudo de Castilla y León. En su interior se levanta el palacio, que fue construido posteriormente, en torno a un patio central de columnas sobre el que cabalga una doble galería con arcos rebajados del siglo XVI. A esta galería se abren los salones con techumbres de artesonados de estuco y vigas talladas. Otras dependencias son la bodega, la armería, la zona de servicio y las habitaciones nobles, desde donde se podía acceder a una pequeña capilla gótica. Posteriormente se levantó otra capilla en la huerta, frente al arco principal.

Fue residencia habitual de los duques de Alburquerque durante siglos, hasta que se trasladan junto a la Corte a Madrid, convirtiéndolo en palacio de recreo y vacaciones. Tras la guerra civil fue primero prisión política, cárcel común y sanatorio para enfermos tuberculosos.
Desde 1997 se ha puesto en marcha El Castillo Habitado, una visita guiada teatralizada, en la que se asiste a un espectáculo que escenifica algunos de los aspectos más representativos de su historia.
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